Letras y origen de los cantecitos

  1.    Aquella de lo verde

Aquella de lo verde / lo azul encima

la mujer de mi hermano (bis) /cuñada mía (bis) 

Cásate con un primo/ que no hay engaño

que es hacer un remiendo (bis)/ del mismo paño (bis)

 Me llaman sanabresa / sanabresona

y ojala fuera mía (bis) /Sanabria toda (bis)

 Está la luna pará

A tu puerta dama hermosa

está la luna pará.

Que la tiene retenida

la hermosura de tu cara.

 Y ponga el amor en ti

Cómo quieres que te quiera

y ponga el amor en ti

si eres como la veleta

tan pronto aquí como allí. 

Allí se están acostando.

En aquella casa hay luz

y allí se están acostando

allí está el bien de mi vida

y yo por aquí penando. 

Para qué vas y vienes /a la botica

si ese mal que tú tienes /no se te quita

 

El charro es un original y divertido ritmo binario e irregular habitual en la música de Zamora y algunas comarcas de Salamanca. En esta pieza hemos enlazado unas estrofas con ritmo charro, otras con una jota y de nuevo terminamos con charro. Las melodías son tradicionales de Zamora y las coplas son también tradicionales (no todas ellas escuchadas con este tema).

2.   Manzanita colorada

 María sé que te llamas

el apellido no sé

cuando pase por tu puerta

María te llamaré.

 Que tú eres el río

que yo soy el agua,

que tú eres el mediquillo

que a mi morena curaba

la calenturita cuando estaba mala(bis)

 María si vas al huerto

quítate las zapatillas

que con la flor del romero

se te ponen amarillas.

Que tú eres el río…

 Manzanita colorada

como no te caes al suelo

toda mi vida he andado

por alcanzarte y no puedo.

Estas dos melodías corresponden a dos canciones con ritmo de jota recogidas en el Cancionero de Federico Olmeda en la provincia de Burgos a principios del siglo XX. Eran canciones pensadas para el baile e interpretadas con acompañamiento de pandereta.

La jota es el ritmo más extendido del folclore hispano y, como escribe Olmeda en su cancionero  “es alegre, lleno de vida y animación […] así es que no hay español, qué digo español, ni habrá un inglés, que al oírla, no se sienta como impulsado a alegrarse y saltar”. Sin embargo, como también señala Olmeda, hay otros cantares con ritmo de jota o “a lo llano” que no responden al prototipo de jota rápida y desbordante de alegría. Son bailes más antiguos, muchos de ellos en modo menor y con melodías y letras más sutiles. Estas dos jotas que hemos elegido corresponden a este último tipo más lírico, y hemos querido acentuar ese carácter cantándolas tranquilamente con el rabel y la darbouka, y dándoles un aire íntimo y personal.

 

3. La nana de la loba

Ay de la loba lobita

ay de la loba malvada

que estando yo en mi ganado

ha arremetido a mi piara.

Échate niño en la cuna

que a los pies tienes la luna

y a la cabecera el sol

échate niño al ro ro.

El rabel que ha de ser fino

ha de ser de verde pino

la guitarra de culebra

y el sedal de mula negra.

 

Esta nana  se encuentra en el Cancionero de Federico Olmeda y de ella se dice: “recogida en Río Cavado, la suelen tocar también en el instrumento popular que llaman rabél, de uso limitado á los pueblos de Barbadillo de Herreros y del Pez y algunos otros circunvecinos”.

La interpretamos con un rabel construído por el Sr. Antonio Morante (Quintana) artesano y tocador del Valle de Polaciones (Cantabria), ya fallecido. Es un rabel  con la construcción típica de los rabeles pastoriles (o bandurrias, como se les llama en esa zona), fabricado en una sola pieza de madera, con tapa de piel y cuerdas de crin de caballo.

El rabel es antepasado de los instrumentos de cuerda frotada medievales, que fueron ampliamente usados en toda Europa. En la Península Ibérica fue quedando marginado  con el paso de los siglos y sobrevivió como instrumento de pastores. Por ello se ha conservado en aquellas zonas donde los pastores trashumantes pasaban los inviernos: norte de Palencia, León y Burgos, sur de Cantabria y  Asturias, Sierra de la Demanda, Gredos… El propio Olmeda nos habla de que el rabel era ya en el siglo XIX un instrumento minoritario. El pandero cuadrado nos sirve para añadir la percusión y lo  usamos con toques variados que se alejan del toque tradicional de este instrumento.

4.   Las calabazas

 

Tengo las calabazas puestas al humo

al primero que llegue se las emplumo

Soy la flor, la flor del romero.

Soy la flor que por ti me muero.

 Esas calabacitas ya no las quiero

que me han dicho que tienes amores nuevos.

Soy la flor…

 Me diste las calabazas

me las comí con pan tierno.

Más vale unas calabazas

que un amante lisonjero.

Soy la flor…

Esos amores nuevos te han engañado

te han vuelto la cabeza del otro lado.

Soy la flor…

A mi no se me engaña tan fácilmente

donde la tengo ahora la tuve siempre.

Soy la flor…

 “Las calabazas” es una canción con ritmo de jota que aparece en el cancionero de Agapito Marazuela y  hemos escuchado a Vanessa Muela (Valladolid). Hemos retocado un poco su letra para adaptarla al hecho de que la cantamos dos mujeres y le hemos añadido otras dos estrofas también tradicionales.

La jota es el ritmo castellano por excelencia y ha quedado como el más habitual para el baile, aunque tradicionalmente se solían intercalar ritmos ternarios como la jota o el baile “a lo pesado” con ritmos binarios como los titos, “a lo ligero”, agudos o charros. Sin embargo, jota no hay sólo una, cada comarca tiene su propia forma particular de acentuar el ritmo y se conserva una enorme cantidad de toques de jotas en los repertorio de pandereta, dulzaina, rabel o  tamboril. El ritmo que hemos utilizado en esta canción es el de la meseta cerealista, rotunda y acentuada a tiempo y hemos elegido la darbouka para darle mayor brillantez y variedad al ritmo.

5. Romance de la Infantina Embrujada

A caza va el cazador/a caza como solía

lleva los perros cansados/de subir cuestas arriba.

Y le ha pillado la noche /en la montaña sombría

donde cae la nieve a copos /y manan las aguas frías.

Se metió debajo un árbol /de mano de Dios sería

que en la ramita más alta /allí había una infantina.

Con peine de oro en sus manos /que los cabellos partía

y con la luz de sus ojos /el monte resplandecía.

-No te asustes caballero /ni me tengas demasía

hija soy del Rey de Francia /de la Reina de Castilla.

Siete hadas me embrujaron/ en manos de mi madrina

todas me dieron tal suerte/ todas me dieron tal dicho

que había de estar siete años/ en esta montaña oscura

comiendo las hierbas agrias/ bebiendo las aguas frías.

Si me quieres caballero/ llévame en tu compañía

si tú quieres por mujer/ y si no, pues como amiga.

No te quiero por mujer/ ni te quiero como amiga

ni te quiero como esclava/ que esclavo yo te sería.        

La letra y música de este romance  están recogidas  en el Cancionero de Federico Olmeda (Burgos 1903). La versión que ofrecemos conserva la melodía original y casi toda la letra del cancionero a excepción de  algunos cambios tomados de la recopilación de Poesías y  Romances Españoles realizada por José Morán –Ed. Susaeta-   que hemos incorporado para hacer un poco más comprensible la narración.

Esta melodía resulta enormemente sugerente por lo arcaico de sus sonoridades y la acompañamos de un rabel  de Porto de Sanabria y  un pandero cuadrado. El rabel de Porto se ha conservado en una zona muy reducida de la provincia de Zamora, casi más gallega que zamorana. Es un rabel muy grande, de construcción rudimentaria y con una sonoridad grave muy sugerente.

El uso de este tipo de instrumentos de cuerda frotada para acompañar  romances o historias cantadas es una costumbre muy arcaica y común a muchas culturas: Irlanda, países nórdicos, España… incluso un amigo africano nos ha contado que la figura del ciego que se gana la vida relatando romances acompañado de un instrumento de cuerda era tradicional en lugares tan lejanos como Burkina Faso. El pandero cuadrado o adufe es un instrumento de percusión habitual en el folclore del norte peninsular, donde se tocaba (habitualmente por mujeres) para acompañar al baile percutido con las manos y apoyado al pecho.  En esta pieza lo utilizamos haciendo sonar los garbanzos que lleva en su interior.

6. Penosita + Con el aire que lleva la molinera

Aquella penosita /que bien peinada va

qué pelo negro lleva, /quién se lo peinará.

 Se lo peina un artillero/ que ha venido de Alcalá.

 Amante por amante /dueño por dueño,

no hay amor en el mundo /como el primero.

 Manzanita colorada /como no te caes al suelo,

toda mi vida he andado /por alcanzarte y no puedo.

 No te quiero atadito /ni siquiera en broma,

la que a su amor encierra /todo malogra.

Libre yo te quiero libre /compañero, compañero.

Yo quiero que me quieras/ como tú sabes bien:

lento, dulce y suave/ como hay que querer.

 Libre yo te quiero, libre/compañero, compañero,

libre porque vivo, libre /como la nube en el cielo.

 

Con el aire que lleva

la molinera (bis)

con el aire que lleva

muele la rueda,

con el aire que lleva

muele la harina

Siete pares de mulas

siete aradores (bis)

siete chicos que roban

los corazones. (bis)

 Esquilones de plata

llevan los bueyes (bis)

dónde vas niña mía

de sol y nieve. (bis)

 

La pandereta era el instrumento de las zonas más aisladas, donde era difícil encontrar músicos profesionales como gaiteros y dulzaineros y el baile era amenizado por los propios vecinos. La Montaña Palentina fue una zona especialmente rica en toques de pandereta y tambor montañés. De hecho, toda  la montaña muestra unas características similares, tanto el Sur de Cantabria, como el Noroeste de Burgos y el Norte de Palencia (la zona de influencia de Reinosa). Desgraciadamente la tradición se ha perdido casi por completo en Palencia y Burgos (aunque han quedado buenas grabaciones) pero en la zona cántabra la está siendo renovada con jóvenes generaciones de intérpretes.

 En este tema hemos tomado un ritmo de tamboril de la Montaña Palentina y le hemos añadido  letras. Las cuatro primeras estrofas son tradicionales, las últimas son adaptaciones nuestras de poemas compuestos por el filósofo y poeta Jorge Riechman, a quien va nuestro agradecimiento. Lo interpretamos con un pandero cuadrado haciendo el ritmo del tamboril y con las  cucharas. El uso de las cucharas como instrumento de percusión es una costumbre  común en lugares tan dispares como  Castilla, Turquía o Irlanda.

La segunda parte del tema es una canción recogida en el Cancionero de Olmeda como una nana, pero posee un sugerente ritmo de seguidilla que tocamos muy lento acompañándolo de la darbouka. Este instrumento, aunque fue tocado en la Península Ibérica, fue traído por los musulmanes  y es más propio del folclore del Norte de África. Sin embargo, empasta a la perfección con la sonoridad del rabel.

Esta canción posee una sonoridad que podemos llamar “aflamencada” o ·moruna” que se debe a la escala que posee: el modo de mi o escala frigia, muy habitual en la música tradicional castellana y también en el flamenco. Desgraciadamente, tanto la música clásica  como el pop han olvidado estas sonoridades, por ello  tendemos a modificar  las melodías tradicionales, olvidando los modos y  haciéndoles perder parte de su belleza.

  7. Ahora voy a cantar yo

Y ahora voy a cantar yo

una tonadilla nueva

que cuando nació mi madre

ya la cantaba mi abuela.

Y ayer tarde te vi

en el río lavar

y mi me has parecido

la sirena del mar.

La sirena del mar (bis)

y ayer tarde te he visto

en el río lavar.

 Una vez yo tuve novio

y se lo dije a mi abuela

estaba comiendo gachas

y me tiró la cazuela.

 Y ayer tarde…

Una noche quise ser

cabrero de tus enaguas

como estaba cerca el monte

se me escaparon las cabras.

 Y ayer tarde…

 Arrodea, arrodea si vas por leche

yo también arrodeo niña por verte

niña por verte, niña por verte

arrodea, arrodea si vas por leche.

 

Esta es  una de las canciones más entrañables de nuestro repertorio, porque la ha escuchado Neysa directamente de su madre (en Valladolid). En realidad hemos mezclado dos canciones tradicionales muy conocidas en esta zona “Ahora voy a cantar yo”  “Ayer tarde te vi en el río lavar”. En esta canción usamos únicamente voces y percusiones: darbouka, pandero con porra y el ritmo de las panaderas sobre el pandero.

 8. La cigüeña

Yo me quedé eclipsada

con la cigüeña

que estaba de batalla

con la culebra.

 Cómo la picotea

cómo revolotea

cómo le tiende el ala

sobre la arena.

Pica en el verde

pica en la arena

pica en los picos

de mi morena.

 Ay que ver la cigüeña

cuánto nos vale

si no fuera por ella

cualquiera sabe.

 Cómo la picotea…

 Nos quita los reptiles

de los caminos

y nos quita los bichos

que son dañinos.

Cómo la picotea…

 

Agapito Marazuela, uno de los grandes maestros de la música castellana, recogió esta canción en la provincia de Segovia. Una de las cosas que resaltaba de la misma era su ritmo cojo o irregular, a pesar de que también en ocasiones se encuentra esta misma canción en forma de ritmo regular (jota). Los ritmos irregulares como este (en este caso de cinco tiempos) son muy habituales en el folclore castellano, pero en el repertorio vocal quedan pocos ejemplos, porque los cantores muchas veces no sabían ejecutarlos y los cambiaban a ritmos más simples.

La cigüeña, sin embargo, goza de buena salud últimamente y son numerosos los grupos que la han versionado (Eliseo Parra, por ejemplo, hasta en tres ocasiones). A pesar de ello nosotras hemos querido cantarla porque una de las mejores cosas del folclore es esa posibilidad de versionar y repetir las grandes canciones. Necesitamos conservar  estas canciones comunes para poder cantarlas espontáneamente en reuniones y celebraciones. Sin repertorio común, conocido y cantado por el pueblo, nuestra cultura se empobrece terriblemente.

9.  Despedida

Ágil ojo y paso lento

compañera, ven conmigo.

Cuidémonos una a otra

que éste es áspero camino.

No quiero ser cantadora

que yo quiero ser canción,

canción que quede vibrando

dentro de tu corazón.

 Nos despedimos con unos versos de Jorge Riechmann cantados a capela sobre una melodía tradicional del norte de Palencia. Esperamos que os haya gustado nuestro trabajo y que, al menos, un poquitito de él quede vibrando en vosotras y vosotros.

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