Romance de la infantina embrujada

La letra y música de este romance  están recogidas  en el Cancionero de Federico Olmeda (Burgos 1903). La versión que ofrecemos conserva la melodía original y casi toda la letra del cancionero a excepción de  algunos cambios tomados de la recopilación de Poesías y  Romances Españoles realizada por José Morán –Ed. Susaeta-   que hemos incorporado para hacer un poco más comprensible la narración.

Esta melodía resulta enormemente sugerente por lo arcaico de sus sonoridades y la acompañamos de un rabel  de Porto de Sanabria y  un pandero cuadrado. El rabel de Porto se ha conservado en una zona muy reducida de la provincia de Zamora, casi más gallega que zamorana. Es un rabel muy grande, de construcción rudimentaria y con una sonoridad grave muy sugerente.

El uso de este tipo de instrumentos de cuerda frotada para acompañar  romances o historias cantadas es una costumbre muy arcaica y común a muchas culturas: Irlanda, países nórdicos, España… incluso un amigo africano nos ha contado que la figura del ciego que se gana la vida relatando romances acompañado de un instrumento de cuerda era tradicional en lugares tan lejanos como Burkina Faso. El pandero cuadrado o adufe es un instrumento de percusión habitual en el folclore del norte peninsular, donde se tocaba (habitualmente por mujeres) para acompañar al baile percutido con las manos y apoyado al pecho.  En esta pieza lo utilizamos haciendo sonar los garbanzos que lleva en su interior.

A caza va el cazador/a caza como solía

lleva los perros cansados/de subir cuestas arriba.

Y le ha pillado la noche /en la montaña sombría

donde cae la nieve a copos /y manan las aguas frías.

Se metió debajo un árbol /de mano de Dios sería

que en la ramita más alta /allí había una infantina.

Con peine de oro en sus manos /que los cabellos partía

y con la luz de sus ojos /el monte resplandecía.

-No te asustes caballero /ni me tengas demasía

hija soy del Rey de Francia /de la Reina de Castilla.

Siete hadas me embrujaron/ en manos de mi madrina

todas me dieron tal suerte/ todas me dieron tal dicho

que había de estar siete años/ en esta montaña oscura

comiendo las hierbas agrias/ bebiendo las aguas frías.

Si me quieres caballero/ llévame en tu compañía

si tú quieres por mujer/ y si no, pues como amiga.

No te quiero por mujer/ ni te quiero como amiga

ni te quiero como esclava/ que esclavo yo te sería.